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El cuadro de situación que recibió el Gobierno de Macri exige transitar un sinuoso camino donde deben armonizarse tres vértices de un triángulo: la consistencia económica de las medidas, la capacidad técnica de implementación y la viabilidad política y social. Hay que recorrer los tres y dedicarle la dosis justa de atención a cada uno de ellos. Es una tarea ardua, el nuevo Gobierno lo está intentando y, como es natural, aparecen tropiezos. La cancha está llena de obstáculos e inclinada. Durante los últimos cuatro años se vieron alterados equilibrios y manifestado inconsistencias que requerían imperativamente correcciones sea quien fuere el ganador de las elecciones.

El cuadro de situación que recibió el Gobierno de Macri exige transitar un sinuoso camino donde deben armonizarse tres vértices de un triángulo: la consistencia económica de las medidas, la capacidad técnica de implementación y la viabilidad política y social. Hay que recorrer los tres y dedicarle la dosis justa de atención a cada uno de ellos. Es una tarea ardua, el nuevo Gobierno lo está intentando y, como es natural, aparecen tropiezos. La cancha está llena de obstáculos e inclinada. Durante los últimos cuatro años se vieron alterados equilibrios y manifestado inconsistencias que requerían imperativamente correcciones sea quien fuere el ganador de las elecciones.

En los primeros dos meses, la salida del cepo y la devaluación se complementó con metas fiscales, de inflación y contracción monetaria para balizar las expectativas económicas en un sendero de nominalidad decreciente y gradual en el mediano plazo. También vimos mucho activismo en términos de medidas más puntuales (quita retenciones, rebaja de subsidios, remoción de controles al comercio exterior, entre otras). Y más que nada, una clara determinación (¡enhorabuena!) para cerrar el capítulo de los holdouts.

Esta impronta inicial en lo económico se complementó desde lo político con un ejercicio muy decisionista del poder por parte de Macri. Para ello dictaron una serie de DNU y se apeló a una sobreexplotación de la imagen como principio rector entre un nuevo líder en el poder y la opinión pública. Este arranque le permitió alcanzar altos niveles de aprobación. Todos estos primeros pasos pivotearon mucho más en los dos primeros vértices (consistencia de las medidas y capacidad técnica), que en el tercero (viabilidad política y social). Hubo un desequilibrio. Luego la realidad y los trabajos que auscultan la misma lo están demostrando. Macri perdió entre 10 y 15 puntos de aprobación y hoy oscila en torno del 50% (guarismo, por cierto, más que aceptable).

La etapa actual, transitando el tercer mes de gestión, empezó a mostrar de lleno que no se pueden ignorar los efectos de las tensiones distributivas, máxime cuando el reacomodamiento de los precios relativos empezó por el tipo de cambio (50% de devaluación) y las tarifas (450% promedio de suba en la energía eléctrica, coincidiendo con que muchos no tienen luz). Se podrá argumentar (como lo hacen varias voces del oficialismo y quizás con sustento técnico) que el mapa de ruta trazado nos lleva hacia el segundo semestre a una situación de menor inflación y despegue de la actividad. Pero con incrementos promedio de precios entre el 4% y el 5% mensual, problemas en el INDEC (que descoordina expectativas justo antes de paritarias) y ensayos de una flotación cambiaria cuasi-libre (que aún no demuestra volatilidad a la baja), la otra mitad de 2016 queda muy lejos. Así se exponen con toda crudeza las vicisitudes de una estabilización gradual, que requiere de equilibrios permanentes.

En este marco se entienden las últimas medidas del Gobierno, que recoge acertadamente el guante y trata de ir paliando este incipiente deterioro social (que se agrega al de arrastre que dejó la herencia). Así, tenemos el relanzamiento de defensa de la competencia, postergación de la suba del gas y transporte, suba del mínimo no imponible (quizás a destiempo de los deseos del oficialismo que lo quería más cerca de las paritarias) y, por sobre todo, la centralidad en el discurso del Presidente asumiendo la preocupación y responsabilidad por bajar la inflación. A nuestro juicio aún falta intensidad en este sentido. La rebaja de IVA a los alimentos, la suavización de ganancias para los jubilados, perderle el temor a controles necesarios (aunque transitorios) sobre formadores de precios clave de la canasta de consumo básica, un plan preventivo para neutralizar posibles despidos del sector privado en actividades muy golpeadas, son todas herramientas que podrían complementar los paliativos ya anunciados. Aunque la consistencia técnica abone combatir las causas de la inflación a mediano plazo y destrabar la producción e inversiones desde el lado de la oferta, la sustentabilidad social impone atender también las consecuencias y compensar la pérdida de ingresos reales para recomponer también la demanda.

Nadie puede ignorar que este camino exige recursos, un plan financiero que todavía no conocemos y además genera estrés sobre las metas fiscales anunciadas. A esto se suma que se ha reabierto la puja distributiva con las provincias (por la restitución del 15% que detraía la ANSES), aunque encontraría un punto de distensión con el flamante Decreto 406/2016 al consagrar un cronograma efectivo de devolución de los fondos. Para armonizar estas restricciones y superar otro escalón del gradualismo, el Gobierno apuesta todas las fichas a salir del default. Tiene una bala de plata y está muy cerca de normalizar el capítulo holdout y acceder de nuevo a flujos de capitales y financiamiento. En términos macroeconómicos, el acceso a financiamiento funciona como una bisagra que aceita la coordinación de las políticas macro fundamentales (fiscal, monetaria, cambiaria y de ingresos). Esto es central en una estabilización gradual para la confianza y expectativas.

Naturalmente, el Congreso será el ámbito donde todos los espacios partidarios fijarán su posición respecto de un tema tan trascendente para el futuro de nuestro país. Ojalá se comprenda que si el Gobierno logra recursos para la transición, el abordaje gradual podrá compatibilizar mucho mejor la sustentabilidad económica con la social. Existe una oportunidad fundamental para cooperar sancionando las leyes que faciliten los acuerdos externos, despojando el tema de una ideología estéril, y aprovechar así el acceso al financiamiento virtuoso. Al lograrlo, estaremos más cerca de lograr oportunidades genuinas de crecimiento y empleo para abordar en profundidad la agenda del desarrollo, nuestra estratégica asignatura pendiente.

(*)Expresidente y exdirector del Banco Provincia de Buenos Aires, respectivamente.

Fuente - ÁMBITO FINANCIERO: http://www.ambito.com/diario/829159-hay-que-salir-del-default-para-ingresar-al-desarrollo